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miércoles, mayo 07, 2014

EL SARCÓFAGO DE SAN SEBALDO



EL SARCÓFAGO DE SAN SEBALDO

Jorge Antonio Díaz Miranda
Mayo 2014


Los anillos de Saturno están formados por cristales de hielo y por lo que se supone partículas de polvo de meteorito que giran en torno al planeta en trayectorias circulares, describiendo una órbita que se sitúa a la altura de su Ecuador. Probablemente se trata de los fragmentos de una luna anterior que, demasiado cercana al planeta, se desintegró por la acción de las mareas de Saturno.
Enciclopedia Brockhaus.

I     
UN libro de reminiscencias. Eso es, lo que voluntariamente o no, confeccionó el escritor alemán Winfried Georg Sebald, durante su ya célebre caminata por el condado de Suffolk (Inglaterra). Sus recuerdos, apuntes, memorias y notas diversas, dan pie a un libro reflexivo, que vagabundea por distintas  épocas de la historia europea. El misterioso título Die Ringe Des Saturno (Los Anillos de Saturno), sugiere un itinerario intelectual con sentido épico, de tiempos heroicos y sagas históricas, barruntados de miseria y grandeza, tensiones y malestares sociales, encrucijadas y cambios profundos en las culturas de los países; que desembocaron en la transición entre épocas diversas. Sebald, sugiere que cada período histórico es un anillo de escombros gravitando el Ecuador de la creación estética, revolucionando de forma cíclica el orden político, cultural y social de la modernidad. Las reflexiones del escritor alemán están impregnadas de lo que Claudio Magris describe como desencanto, es decir, una desilusión esperanzadora, combativa, reactiva, que parte de una petición de principio consistente en la conservación de la memoria fundacional, la plataforma de la gran cultura europea. A manera de contextualización, Sebald recuerda la atmosfera sombría que  alimentaba las crisálidas negras de sus atormentadas reflexiones, hacia el año 1922: “Entonces emprendí un viaje a pie a través del condado de Suffolk, al este de Inglaterra… con la esperanza de poder huir del vacío que se estaba propagando en mi… Me mantuvo ocupado tanto el recuerdo de la bella libertad de movimiento como también aquel del horror paralizante que varias veces me había asaltado contemplando las huellas de la destrucción.”  Las trompetas de los ángeles del exterminio tocaban los portales de la razón para anunciar la ruina. Locura y muerte se agitaban desde el este, anticipando signos nefastos y visiones terribles, túmulos funerarios que se propagarían por Europa tras los fragores de la guerra.               
II
En el año 1507, el patriciado de Núremberg encarga al fundidor Peter Vischer construir un sarcófago de latón para Sebaldo, santo príncipe del cielo. En junio de 1519, tras los últimos retoques de un trabajo de doce años, el monumento funerario de trece toneladas de peso y cinco metros de altura, queda terminado con un trabajo primoroso lleno de símbolos y alusiones míticas, tanto paganas como cristianas, que sintetizan el cosmos de la salvación espiritual. El monumento está adornado en su base por doce caracoles y cuatro delfines arqueados, que van “transportando” que aluden a la trasmigración de las almas en su viaje a la eternidad. En el zócalo del monumento se aprietan faunos, sirenas, seres fabulosos y animales de todas formas imaginables, en torno a las virtudes cardinales femeninas de la inteligencia, mesura, justicia y valentía. Un nivel arriba, pueden verse figuras legendarias como las de Nimrod el cazador, Hércules con la porra, Sansón con la quijada de burro y el dios Apolo entre dos cisnes; es decir, la tenacidad, la fortaleza, la entereza y la templanza. En el mismo nivel se encuentran representaciones del milagro del hielo, de la comida de los hambrientos y de la conversión de un hereje. A continuación, vienen los apóstoles con sus instrumentos de martirio y sus emblemas, y por encima de todo, Jerusalén, la ciudad sagrada de tres montes con sus innumerables viviendas, la novia ardientemente esperada -que elogio Salomón en su cantar-, la imagen de una nueva vida y la morada de Dios entre los humanos. En la parte más interna del requit (receptáculo) - fabricado de una sola pieza de metal-, rodeado por ochenta ángeles, dentro de un relicario chapado en láminas de plata, descansan los huesos del muerto ejemplar, predecesor de un tiempo en que se nos secarán las lágrimas de los ojos y no habrá penas, dolor o lamento…                         
III

Casi nadie sabe que Sebald fue un agudo crítico literario, que, desde su cátedra de literatura comparada de la Universidad East Anglia en Norwick Inglaterra, ejerció su oficio con clarividencia y pasión. Quizá esté fuera de lugar la observación de que el ensayista alemán sea un experto en exilios. Pero la puntualización sirve para entender su tono desangelado y melancólico. Una melancolía que no es una negación de vivir y menos aún una suscripción al suicidio como solución final del malestar de la vida, más bien debe entenderse como una forma de resistir los embates del hedonismo, la banalización y la desmemoria. Uno de los puntos de inflexión crítica de sus ensayos es el concepto de patria, que por encima de las catástrofes históricas separatistas,  configura una de las obsesiones de la literatura austriaca de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Entre las ruinas, Sebald reflexiona sobre el tema de la muerte en El Castillo de Franz Kafka, la paranoia del poder en Elías Canetti, la sátira de Berhard y Karl Krauss, las historias alemanas del gueto y los relatos antisemitas de Sacher-Masoch, la historia natural de la destrucción sobre el bombardeo de las ciudades alemanas…              

jueves, febrero 06, 2014

NÚBA AL-MÁYA



NÚBA AL-MÁYA
EL MISTERIO DE LA MELODÍA
EN UN FRAGMENTO NOSTÁLGICO DE ATARDECER

Jorge Antonio Díaz Miranda
FEBRERO 2014

“El sol del atardecer expresa con su belleza la que puede tener el oro en su esplendor y, cuando se inclina al marcharse, en verdad mi corazón se desangra por la herida de la ausencia y esas graves notas de laúd que expresan pesadumbre y dolor. ¡Oh Señor concédeme uno de los hilos preciosos de tú luz para que por él encuentre el amor que se ha separado de mi por la frialdad de la cosas y las encrucijadas del mundo…” 

La Núba representa un arte musical complejo, tanto en lo estructural como en lo ornamental. De acuerdo con Eduardo Paniagua y Omar Metioui, Músicos y estudiosos de la herencia musical de Al-Andalus, dicho estilo nace en el siglo VIII de nuestra era en la corte Abasida de Bagdad y tuvo su apogeo en la corte de los Omeyas, en Córdoba, hacia el siglo XI. La llegada de este estilo musical a la corte Omeya de Córdoba fue hacia el año 825 y se debe al ilustre Músico, político y filosofoZiryáb. A la postre, este acontecimiento fue decisivo en la historia artística de Andalucía pues permitió el auge de un arte musical innovador que traspasaría las fronteras de los reinos de España para ejercer su influencia por toda Europa.

El significado literal de la palabra Núba es audición, y en efecto,es la audición de una ceremonia de música mística. Al mismo tiempo, Núba posee tres posibles sentidos: a) el turno en que los artistas deben actuar ante el califa,
b) la sesión musical en su conjunto, o, c) el repertorio musical del recital.

El laúd es el instrumento que sirve como base de composición rítmica para la música Núba.

La música Andalusícon las Núbas alcanzó su plenitud en la época de los reinos Taifas, siglos XI y XII. El músico IbnBáya(nombre que corresponde al músico y filósofoAvempace), con la creación en Zaragoza de una escuela de música, legó una multitud de melodías que se hicieron célebres, las cuales se incorporaría más tarde a la tradición oral que pervive hasta nuestros días en España y zonas ibéricas de Francia y Portugal.En la España Católica la música Núba así como otros estilos quedaron diluidos en la música popular, el lenguaje y en la temática oriental de los romances y otras formas de la música culta. Sólo en el norte de África esta herencia seguiría una evolución estética natural en la música culta o lo que se denomina hoy música Andalusí-Magrebí. En efecto. Históricamente debemos a la orden de la judería del Magreb la conservación y comentarios de los manuscritos que contenían la herencia musical Núba y otros estilos musicales.

El estudio de los armonios del Laúd y su expresión matemática, sugirió a  filósofos y músicos árabes el análisis de las relaciones entre la música y la armonía del universo, comprendiendo la naturaleza humana junto con las fluxiones (expresiones y cambios en las diferentes etapas de la vida), y la posible causalidad de dicha integración holística en la interacción de los cuatro elementos fundamentales a los que aludía la alquimia.

Desde esta perspectiva holista, la música poseíapara los filósofos árabes de Al-Andalusuna función de modulación terapéutica de las agitadas pulsiones del alma. Sobre los efectos terapéuticosde la música el filosófo del siglo XIIIAl-Haik nos dice:
“…la buena voz (de los instrumentos) penetra el cuerpo, tranquiliza el corazón y estremece los miembros. De todas las cosas que fatigan el cuerpo, la música salva…por ser descanso del alma, misteriosa primavera del corazón, distracción del afligido, entretenimiento del solitario, viático del viajero”


El repertorioNúba Al Máya aparece por primera compilado en un libro de poesía tituladoLas Once Núbas Marroquíescuyo nombre en su idioma original es Kunnás al Ha’ik publicado hacia 1800. Este modo de interpretación del estilo Núba, que comprende un repertorio de 63 canciones,  se hizo para ser tocada desde el mediodía hasta la puesta del sol. La estación este modo musical es la primavera, y debe ser tocada al atardecer con una secuencia armónica que inicia en la contemplación reflexiva de la naturaleza y termina en el éxtasis o audición mística. Actualmente la tradición Núba al Máya está desapareciendo y es necesario su rescate musical.  

lunes, noviembre 04, 2013

LE ROYAUME OUBLIÉ



LE ROYAUME OUBLIÉ
LA CROSAIDE CONTRE LES ALBIGEOIS
LA TRAGÉDIE CATHARE

INVESTIGACIÓN, RECONSTRUCCIÓN, TRANSCRIPCIÓN E INTERPETACIÓN SONORA  DE JORDI SAVALL

Jorge Antonio Díaz Miranda
Noviembre 2013

“Se trata del rescate de la memoria histórica y un homenaje al País de Oc”. Palabras de Jordi Savall para definir el sentido último de su monumental investigación histórica y reconstrucción musical concernientes a la tragedia cátara, ocurrida hace más ocho siglos. La cruzada contra los albigenses,  “la gente buena”, no se ha borrado aún y sigue causando pesar y compasión. La sociedad cátara era una comunidad culta y trabajadora, llena de fe y atributos morales consecuentes, cuyo esplendor alcanzado en el intervalo de los siglos XI al XIII, se caracterizó  por la tolerancia intercultural, el intercambio comunitario, la convivencia, la coexistencia pacífica, el cultivo de los conocimientos y el trabajo en pos del bien común, pero sobre todo el amor cortés y el amor a las artes, principalmente la creación poética y musical. La importancia cultural de Occitania (como también es llamado el País de Oc) se equipara a la sociedad multicultural que prosperó en Al-Andaluz, de cuyo esplendor y expansión fue espejo fiel, en el quehacer e inventiva de las artes y los saberes. No obstante su nobleza y sabiduría, la sociedad occitana fue asediada, perseguida, arrasada y exterminada en distintas “cruzadas”, las feroces incursiones bélicas ejecutadas por celosos príncipes católicos y ordenadas en distintas bulas condenatorias, redactadas por el papa Inocencio III. El beligerante antecedente de las cruzadas contra los cátaros tuvieron un antecedente directo en las leyes fundadas y establecidas por el papa Inocencio IV en su bula Ad Exstirpanda de 1253, donde se detallan todos los métodos de acusación sin defensa posible y la autorización explícita de extraer con la tortura toda la información deseada. El recuerdo de esa empresa militar sigue vivo porque toca dos cuerdas muy sensibles de la actualidad, de acuerdo a la apreciación del historiador George Duby: el espíritu de la tolerancia y el sentimiento nacional. El carácter a la vez religioso y político de las cruzadas convocadas por el papa Inocencia III, marcó a hierro la tragedia de los albigenses –llamados también cátaros- y es una de las más crueles expresiones del brazo secular inquisitorial en el que se daban la mano príncipes y jerarquía católica. La invasión de Occitania comenzó el 22 de junio de 1209 con la matanza de 20 mil habitantes de la ciudad de Béziers con el pretexto de que el consejo de la ciudad se negó a entregar a 230 herejes. Desde entonces los antiguos señores del Reino Olvidado –Occitania- fueron asediados, torturados, asesinados, desposeídos, obligados a huir, exiliarse o vivir en la clandestinidad, so pena de ser torturados y condenados a morir en la hoguera.

Jordi Savall presenta este trabajo de reconstrucción-recreación sonora en  siete capítulos, y cada uno propone un repaso puntual de la maravillosa aventura musical de Occitania, desde sus oscuros orígenes hasta su debacle. Un repaso musical por cinco siglos de historia, con una investigación paralela de estilos e instrumentos antiguos: desde los orígenes (Siglo X), expansión del catarismo (siglo XI), esplendor (siglos XI y XII y postrimerías del XIII), enfrentamiento con las primeras cruzadas, fe y martirio,  caída del reino de Oc, persecución y erradicación del catarismo (siglo XIII), restablecimiento de la inquisición (siglos XIII y XIV), la diáspora hacía Italia, Cataluña y Castilla  (siglo XIV)… hasta el final de los cátaros orientales con la toma de Constantinopla y Bosnia por parte de los ejércitos otomanos (siglo XV).

Las fuentes históricas de esta amplia y profunda reconstrucción-recreación artística, provienen de poetas, trovadores, literatos y cronistas de la época, testigos directos de la emergencia, esplendor y caída de la civilización cátara.  El hilo conductor de la reconstrucción de Jordi Savall es la extraordinaria Canción de la Cruzada Albigense compuesta con casi 10, 000 versos, y otras obras más antiguas como la misteriosa Sibilia Occitana (atribuida a un trovador anónimo) y la más conventual y estructurada Audi pontus, audi tellus. Las dos últimas destacan por ser bellas paráfrasis del evangelio de Juan, el apocalipsis, en lo que respecta a la revelación y la venida del reino.

Para Jordi Savall rescatar de la memoria histórica la tragedia cátara, es ante todo un manifiesto militante en contra de las injusticias del pasado y de la actualidad: las torturas y asesinatos en las cárceles de Abhu Graib, Kandahar y Guantánamo, en donde la acusación se realiza sin defensa de los indiciados, tal como lo hacía la inquisición en el siglo XIII; la masacre con justificación religiosa, como en las distintas versiones de la guerra contra el terrorismo de Estados Unidos, o de Israel contra Líbano, o incluso la absurda satanización del islamismo por parte de las elites políticas y religiosas fundamentalistas de Occidente,  y, anteriormente, aunque en una escala menor, las falanges de Franco (y sus aliados de la Alemania nazi) desencadenadas sobre pueblos indefensos de la España profunda.  


   


ROYAUME OUBLIÉ. LA CROSAIDE CONTRE LES ALBIGEOIS & LA TRAGÉDIE CATHARE.

Jordi Savall
Investigación, concepto, composición, selección musical, instrumentación, dirección e interpretación

Pilar Jiménez Sánchez, Manuel Forcano,  Anne Brenon, Francesco Zambon, Martín Alvira Cabrer, David Renaker, Sergio Grau Torres, Antonio Dalmau,
Investigación Histórica y elaboración de ensayos introductorios. 

Anna Brenon & Antoni Dalmau
Dramaturgia y revisión literaria

Sergi Grau & Anna María Mussons
Pronunciación del occitano

Montserrat Figueras, Pascal Bertin, Marc Maullon, Lluís Vilamajó, Furio Zanasi, Andrew Lawrence King  La Capella Reial de Catalunya - Hespèrion XXI.
Cantantes y Músicos

Descripción de la obra:

CD 1 Apparition et Rayonnement du Catharisme - L'Essor de l'Occitanie ca. 950 - 1204

I Aux Origines du Catharisme: Orient et Occident: 950-1099
II L'Essor de l'Occitanie : 1100-1159
III L'expansion du Catharisme : 1160-1204

CD2 La Croisade contre les Albigeois - Invasion de l'Occitanie 1204 - 1228

IV Vers l'affrontement: 1204-1208
V La croisade contre les Albigeois : 1209-1229.

CD 3 Persécution, diaspora et fin du Catharisme 1229 - 1463

VI L'Inquisition; persécution des cathares et élimination du catharisme.
1230-1300

VII Diaspora vers la Catalogne et fin des Cathares orientaux. 1309-1463


ALIA VOX:2009 


lunes, septiembre 03, 2012

Q_LUTTER BLISSET

                                           
Q
&
LUTHER BLISSET

By Jorge Antonio Díaz MIranda
 Martes, 06 de NOVIEMBRE de 2012


“La moneda del reino de los locos se bambolea en mi pecho para recordarme el eterno movimiento pendular de la humana fortuna.”


El 03 enero de 2012 cayó en mis manos, gracias a los oficios de un amigo librero, el libro Q cuya autoría se atribuye a Luther Blisset, quien, hasta ese momento, me era desconocido. Durante tres o cuatro días, no recuerdo muy bien, leí el libro y me pareció fascinante: la historia ambientada en la Europa del siglo XVI, versaba sobre los movimientos radicales opuestos a la corrupción de la iglesia católica, desprendidos a su vez de aquel gran movimiento de Reforma promovido por el mismísimo Martín Lutero en Alemania. La novela está dividida en, prólogo y epilogo, 3 partes, 45 capítulos y 37 apartados especiales que contextualizan los capítulos, detallan situaciones o ubican históricamente los hechos narrados. La organización de la novela no es lineal en cuanto al orden temporal de los acontecimientos: comienza en 1555, regresa a 1518, avanza hasta 1525, retrocede al período 1519-1522, se estaciona en 1521, vuelve a remontarse al período 1525-1529, sigue avanzando hasta 1538, vuelve al período 1532-1534, se vuelve a estacionar en 1534, avanza a 1535, se remonta hasta 1538, vuelve remontarse a 1545, y termina en 1555. El itinerario geográfico toca distintas ciudades y regiones: Estambul, Frankenhausen, Basilea, Venecia, Wittenberg, Augsburgo, Roma, Eltersdorf, Maguncia, los Países Bajos, Escandinavia, Franconia, entre muchas otras ciudades y regiones. El libro hace referencia a la tragedia de los campesinos en rebelión, ejecutada de forma implacable por reyes, príncipes, señores feudales y el pontificado de la iglesia católica.  Tragedia social de aquella época por el baño de sangre, el asedio y el asalto final que deja sembrados las aldeas rurales de media Europa con los cadáveres de miles de mujeres, niños y hombres de las clases bajas, arrasados en sus aldeas, pueblos y ciudades por los ejércitos mercenarios contratados por los señores nobles, financiados por Roma y los banqueros. En medio de esa turbulencia sobresale la enigmática figura de Q, quien sigue con mirada penetrante el devenir de los movimientos radicales contrarios a la iglesia, para informar a Gianpietro Carafa, miembro de la consulta teológica de Su Santidad León X, sobre las idas y venidas de la rebelión, identificando las ciudades simpatizantes, los líderes locales y cuantificar el contingente rebelde; todo con un propósito específico de guiar los ejércitos de su santidad y sus temibles columnas de asedio al corazón de la rebelión. Q es un infiltrado en las universidades, reinos, pueblos, comarcas y aldeas, viaja con los rebeldes para tomar nota de lo que dicen los líderes y hacia dónde conducen a sus huestes; un espía pues en toda la extensión de la palabra, esbirro de la iglesia, ariete mortífero de los poderosos, emisario furtivo de la ruina, jinete del desastre y perpetrador intelectual de la sangría que asoló Europa central en  aquel tumulto de furia y persecución…

COSAS RARAS DE UN LIBRO

Por método, antes de comenzar a leer un libro, leo su nombre en el idioma original, el año en que fue publicado por primera vez, el nombre del traductor y el ISBN, la fuente de la que proviene el diseño artístico de la portada y la contraportada. Ahí me enteré de lo siguiente:
Que fue escrito originalmente en italiano.
Que fue publicado por vez primera en 1999.
Que la edición fue de Giulio Einaudi, en Turín Italia. Que en español la edición fue preparada por Grijalbo Mondadori, en Barcelona.
Que la traducción fue realizada entre 1999 y 2000, por José Rámon Monreal Salvador. 
Que el diseño de la cubierta para esa editorial, fue de Luz de la Mora.
Que la fuente del diseño artístico de la portada y la contraportada, proviene de la ilustración de Albrecht Altdorfer, La batalla de Alejandro,  compuesta hacia 1529.
Que dicha obra pictórica, fue cedida para su reproducción por el Bayerische Staatgemâlde-Sammlungen, Alte Pinakothek de la ciudad de Munich, y, Kunstdia-Archiv ARTOTHEK, D-Peissenberg.
Que el ISBN del libro en su edición rústica es 84-397-0530-1.
Que el depósito legal era B.39.896-2000.

En efecto, los datos son minuciosos y exactos sin embargo me llamó la atención dos detalles:
Primero, que no existen referencias del autor, en cuanto a su lugar de nacimiento, formación, etc;
Segundo, la leyenda “Está permitida la reproducción total o parcial de esta obra  y su difusión telemática siempre y cuando sea para uso personal de los lectores y no con fines comerciales.”                  

Decidí investigar un poco más la razón de la ausencia de de referencias del autor cotejando la información directamente con la editorial italiana y más tarde con la editorial española. Está por demás decir que no me informaron nada, de hecho, sus oficinas de comunicación desconocían al misterioso autor. 

La leyenda es clara en que el lector puede recomendar la obra y si tiene los medios reproducirla y hacerla circular con amigos y conocidos siempre y cuando no obtenga con ello ningún beneficio comercial,

Me llamo la atención lo que me sugirieron estas dos rarezas que perfilaron el libro Q como una obra anónima (es decir de alguien que no existía en realidad) y por tanto sin Copyright. Ya me había enterado de segunda mano que la circulación de este tipo de obras conocidas en el ámbito editorial como Copyleft.   Pero ese tipo de licencia se asigna a colectivos. En la próxima entrega nos encargaremos de dilucidar quien es Luther Blisset.      

martes, noviembre 22, 2011

ESTAMPIES ET DANSES ROYALES




ESTAMPIES ET DANSES ROYALES
PULSACIÓN RÍTMICA Y MAGIA POÉTICA

Jorge Antonio Díaz Miranda
Noviembre 2011

Uno de los testigos más importantes del ambiente musical francés durante la edad media,  Johannes du Grocheo, define el estilo musical “L´Estampie” como “una composición musical sin palabras dotada de una progresión melódica complicada (habens difficiles concordantiarum discretionem) y dividida en puntos (puncti). A causa de su dificultad ocupa por entero el espíritu de su ejecutante y del oyente, y a menudo distrae el espíritu de los ricos de los malos pensamientos”.  Creadas e interpretadas en el siglo XIII, alcanzan su esplendor en el siglo XIV para dejar una impronta de belleza y misterio. Estampies, son las composiciones musicales instrumentales más antiguas de la Edad Media, conservadas gracias a una insólita fuente escrita de la época, Le Manuscript Du Roi Ca. 1270-1320 [1]. A más de siete siglos de distancia, ya casi olvidadas por la tristeza de estos tiempos, cautivan y sorprenden por lo que Jordi Savall describe como pulsación rítmica y magia poética. La fascinación que despiertan estas composiciones musicales medievales reside en gran parte en el “modernismo” que emana de su pulso vital, es decir, de su carácter “improvisatorio” y la genialidad de su estructura y concepción. La ejecución de sus “partes” con sus ornamentos, exige un dominio técnico de los instrumentos musicales de la época, y una inspiración e intuición artística para recrear su estructura aún con la ausencia evidente de anotaciones musicales sobre el tempo, los instrumentos, la función, el carácter, la ornamentación, etc. De ahí que la interpretación de esta música fascinante tenga como punto de partida la subjetividad, la personalidad y la espiritualidad, que no son incompatibles con la creación artística, y la conciencia plena del abierto contexto musicológico, organológico e histórico. La maestría conceptual de las ESTAMPIES ET DANSES ROYALES, nos ofrece pistas sobre el papel creativo de los Ministriles, los cuales son definidos por Jordi Savall (Músico especialista en el tema), como “ unos músicos no sólo capaces de “interpretar “, sino también de crear con sus fídulas, violas de rueda, láudes, salterios, flautas, mussetes y chirimías, así como percusiones; un verdadero discurso y un diálogo musical, gracias a su dominio del arte de la ornamentación y la improvisación”.                  




[1] Llamado también Chansonnier du Roi, el mss. Francés 844, cuyo original está resguardado en la Bibliothe’que Nationale. Fue en el año 1907 cuando son descubiertas las Estampies et Danses Royales, por parte del musicólogo francés Pierre Aubrey, quien transcribe la obra integra junto con un estudio musicológico titulado “Los textos de música instrumental  más antiguos de la Edad Media” .  La música fue compuesta por distintos personajes, pero el manuscrito compuesto hacia el siglo XIII, otorga especial preeminencia a las canciones del rey Teobaldo IV de Navarra (1201-1253)  

martes, noviembre 08, 2011

LA APORTACIÓN GERMANA A LA EDAD MEDIA


LA APORTACIÓN GERMANA A LA EDAD MEDIA

JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA[1]
22 de septiembre de 2011

¿Qué enemigos podrían resistir al reino que fuera capaz de triunfar con el poder de los artefaktos?, ¿qué astucia del adversario no se rendiría a la sutileza de quienes han perseguido y capturado a ese espía que vence en el mismo seno de la naturaleza?

Alexandre Neckham, De naturis rerum, II, c. 174 (page 308).

Las oleadas de tribus bélicas que barrieron Europa a partir del siglo IV asestaron los golpes de muerte a la decadente Roma Imperial y mantuvieron el continente en tumulto casi constante durante más de un milenio. Pero al mismo tiempo los invasores infundieron en Occidente un vigor propio, que poco a poco se fundió con tradiciones más antiguas (de Próximo Oriente, Asia menor, celticas e indoeuropeas) para forjar una nueva Europa. Gran parte del espíritu de estos pueblos –vikingos, vándalos, sajones y godos- se refleja en el dominio tecnológico sobre el hierro, esto sin duda aportan a Occidente un nuevo concepto de la guerra y las armas, de la naturaleza y la religión, trasformando al mismo espíritu romano: Para los bárbaros, como para casi todos los pu7eblos primitivos, la vida era una batalla constante por la sobrevivencia, contra el medio tormentoso del norte, los animales salvajes y las tribus vecinas. En su extenso libro, Alexander Murray[2] nos dice  que hallar un ethos militar-intelectual entre los pueblos germánicos, no es un problema pues estos se veían obligados a probar su fuerza ante un enemigo varias veces superior como lo era la Roma Imperial, poseedora de una formidable maquinaria bélica de impacto masivo pero imprecisa, un ariete poderoso que atemorizaba pero que no derrotaba a enemigos con ejércitos más livianos y de desplazamiento veloz. De modo que si la pax romana poseía los artilugios ofensivos heredados de las técnicas arcaicas de la Grecia Macédónica, los pueblos germánicos poseían la tecnología innovadora de la metalistería, recubrimientos y aleaciones resistentes pero sobre todo ligeros, que hacían de su infantería una formación letal: acorazada, multifuncional, flexible y móvil.

Las invasiones bárbaras, completadas a principios del siglo VI, dividieron a Europa occidental entre seis grandes tribus germánicas: visigodos, borgoñones, ostrogodos, anglosajones, francos y vándalos. Los reinos estaban organizados sin cohesión y solo los francos sobrevivieron a la oleada de posteriores invasiones. Del dominio de estas tribus germánicas, transculturadas, salieron las modernas Francia, Alemania, Bélgica y los Países Bajos.

Sin embargo, bajo la turbulencia estaba produciéndose un proceso claro y constructivo. Por todas partes de Europa Occidental empezaron a formarse nuevas sociedades al irse fusionándose las pequeñas minorías germánicas con las poblaciones romanas o romanizadas. Estas sociedades híbridas difirieron, desde el principio, en formas que habrían de tener grandes consecuencias durante siglos. Más también compartirían algunas características comunes. Todas eran gobernadas por reyes germánicos. Y casi todas ellas estaban gobernadas por guerreros bárbaros que se habían establecido como grandes terratenientes y granjeros de cierta consideración; el vasto substrato de campesinos y esclavos permaneció prácticamente inalterado. Pero la tradición nunca de forma inmediata libera de su tenaza influyente la emergencia de un nuevo orden social, y también los germanos al igual que los romanos fueron discípulos obstinados del imperio. De todas formas, conquistados y conquistadores fueron cambiando gradualmente su visión sobre la Roma Imperial, sopesando la importancia de los contrapesos políticos y jurídicos, los alcances del dominio heráldico, y las relaciones de cada uno de estos aspectos con el poder militar y el gobierno fuertemente centralizado en la figura de los cesares. Ker ha observado que los pueblos germánicos, a diferencia de la Roma Imperial, nunca llegaron a constituir una unidad política, sin embargo si se llevó a cabo esa unidad en el caso de su lengua, su cultura, pero sobre todo en los esfuerzos bélicos expansionistas hacia el sur lo que estaba relacionado con el instinto de la sobrevivencia y un cierto ímpetu de desafío, tanto físico como intelectual. El creciente contacto con la civilización romana modificó en grado significativo a los guerreros germánicos, sobre todo en el aspecto de un ordenamiento estratégico orientado a la unificación del poder político con la maquinaria bélica. En todo caso fueron los reyes germánicos quienes obtuvieron mayores beneficios en este período de transición, primero gobernando como fieles defensores del Imperio y luego, gradualmente, liberándose de las restricciones arancelarias de gobernar en nombre del Imperio. Fue a través de este proceso como los reinos sucesores germánicos (tal como los conocen los historiadores) acaban siendo reconocidos como reinos autónomos y soberanos, independientes de la égida imperial.

Las características destacadas de los reinos germánicos e incluso su destino, quedaron determinadas, en gran medida, por la naturaleza y amplitud de la experiencia de sus fundadores con Roma y los romanos. En general, los tres principales grupos germánicos que llegaron al Mediterráneo – los visigodos, los vándalos y los ostrogodos –se desarrollaron rápidamente bajo el estímulo de su estrecho contacto con el imperio, pero pagaron un elevado precio por esa delantera al soportar el peso de las largas guerras que siguieron. Sin embrago, los dos grupos principales de la Europa septentrional –los francos y los sajones- estuvieron menos expuestos a la influencia romana y a las guerras destructivas. Si bien su desarrollo fue más lento, sus reinos duraron más. Los cinco grupos se dispersaron por distintas regiones geográficas. Expresados en términos de regiones geográficas modernas: los visigodos ocuparon España y casi fueron exterminados por las legiones romanas; Los vándalos ocuparon el norte de África y fueron absorbidos tanto por Romanos como por los distintas culturas del Magreb; los ostrogodos ocuparon Italia pero fueron absorbidos por las disputas intestinas por la heredad imperial de Lacio; Los sajones ocuparon Inglaterra y se unieron a los pueblos célticos en su legendaria lucha de resistencia contra la Roma Imperial; Los francos ocuparon Bélgica y Francia, como aliados de Roma, aunque el propósito era en realidad observar establecer un sólido bastión que a la postre serviría como ariete y catapulta para la oleada de subrepticias invasiones hacia los territorios imperiales. A la larga fueron los francos los que sostendrían el más sistemático e implacable asedio hacia las fronteras del imperio, lo cual, no correspondía a las múltiples consideraciones de los gobernadores romanos quienes los veían como ciudadanos honorables, independientes y singulares. En un episodio de sorprendente ceguera, ni los comandantes de las legiones, ni la chirriante burocracia imperial, ni los lugartenientes políticos de cesar, vieron amenaza alguna en este grupo de tenaces guerreros francos, los cuales, con tenacidad y disciplina, esperaron el momento histórico de su venganza. Con todo constituyen el grupo “bárbaro” más civilizado.

Estas invasiones terminarían derrotando a la Roma Imperial expulsándola de occidente y relegándola a Oriente.         


[1]  Para contactar al autor:
[2]  Murray, Alexander; Reason and society in the middle Ages,Oxford University Press, Oxford 1978. P. 144. ISBN 0-19-822540-7.  

lunes, octubre 03, 2011

LA APORTACIÓN ÁRABE A LA EDAD MEDIA


JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA
22 de septiembre de 2011



…Los europeos re-aprendieron que lo más importante quedaba siempre en una interrogación. Que lo más difícil no se descifraba. Y que el conocimiento era inagotable. El mundo era materia fluida de interpretación.

Los árabes trajeron todo eso a través del mar y Europa fue salvada así del trivium Imperial que había eliminado de los anales de la historia a Aristóteles, Pitágoras y a Arquímedes.
The Itinerary of Benjamin Of Tudela, Texto Crítico, traducción y comentarios de Marcus Nathan Hadler, Philip Feldheim. New York 1907.



Muy pronto los moros dejaron de ser una milicia tribal extraordinariamente móvil, para convertirse en clase terrateniente y de ahí, establecerse, como civilización urbana en el moderno territorio de España. Una vez que la base militar y agraria había sido consolidada, el Islam gobernó mejor sus intereses militares, agrícolas, y, comerciales. Las grandes ciudades como Córdoba, Sevilla y Granada, fundadas históricamente en ese orden, gracias a la rápida circulación de una economía monetaria, el valor comercial de las mercaderías, la fuerza administrativa de la pujante burocracia y el crecimiento del sector de servicios. La Córdoba musulmana fue la gran metrópoli del Al-andaluz que dominó España entre 711 y 1010.

Los tres sucesivos monarcas Abd-El-Ramman de la monarquía Omeya escogieron la ciudad de Córdoba para sellar la presencia musulmana en España. La presencia de esta figura emergente que provenía de los desiertos áulicos de Próximo Oriente, fue fundada, en principios de apertura e inclusión, y no al revés, como lo quisieron hacer creer las mentiras políticas que difundirían visigodos e iberos, castellanos y aragoneses, bajo juramento de la cristiandad. Esta lucha ideológica, por cierto fue uno de los tantos frentes en que cristianos y musulmanes se encontraron a lo largo de más de ocho siglos, fronteras crepusculares de intercambio de sangre pero, también, de cultura. Comercio, saber, arquitectura, lenguaje y crecimiento mutuo. Los árabes fueron civilizadores y a su vez abiertos al influjo de otras civilizaciones. Córdoba se convirtió en la cabeza de puente mediante el cual la Europa visigoda y con ellos todos los pueblos germánicos, pudieron reanudar los vínculos con su propio pasado perdido: el Mediterráneo.

Desde el califato español de Córdoba, la filosofía griega y la literatura clásica marcharon de vuelta hacia la Europa Gótica sobre los pirineos. Pero ese regreso cultural se puede rastrear desde mucho antes, en la monumental biblioteca de Bagdad. La escuela de pensamiento filosófico y científico de los árabes se fue configurando desde el siglo octavo de nuestra era. La historia comienza con la fundación de Bayt al-hikma, la casa de la sabiduría, creada por el califa al-Ma’mūn (m.833. A sesenta y cinco años de su fundación, los árabes conocían traducciones de Platón y Aristóteles, de Hipócrates y Galeno, de Alejandro de Afrodisia, de Temistio y Simplicio, y de un sinnúmero de obras científicas y filosóficas. A partir de entonces y hasta finales del siglo décimo, la recepción y traducción de textos griegos sería prolífica.

La importancia de los árabes en la recepción y transmisión de la filosofía griega es un capítulo apasionante en la historia de las ideas. Pero su papel no se reduce a la mera paráfrasis o a la conservación de los textos antiguos, sino que desarrollaron una filosofía propia. Los medievalistas dedicados a la tradición latina (vr. gr. Étienne Gilson, Johan Huizinga, Umberto Eco), conocen algunas referencias que se encuentran en personajes que estudiaron cuidadosamente algunas traducciones del árabe. Por mencionar algunos ejemplos, recuérdese que filósofos como Tomas de Aquino, Duns Escoto, entre muchos otros, recibieron principalmente las influencias de Avicena y Averroes.

Desde esta perspectiva es posible entender porque el pensamiento medieval y sus saberes no son comprensibles, pues, sin los referentes greco-árabes. La Escuela de traductores de Toledo diseminó en occidente conocimientos selectos de medicina, matemáticas, astronomía, herbolaria, literatura y poesía, junto con las compilaciones de los cuentos indostánicos.

La España musulmana inventó el álgebra y el concepto de cero. Muy pronto se demostraría la eficacia del sistema de numeración arábigo y sustituiría en toda Europa el vetusto y engorroso sistema aditivo romano. Desde el sur Islámico El papel fue introducido, así como el algodón, el arroz, la caña de azúcar y la palmera, hacia el norte europeo cristianizado. Córdoba a su vez, asimiló el Derecho Romano y el arte de Bizancio, imponiendo respeto para las teologías del judaísmo y la del mismo cristianismo, lo que incluyó a sus portadores, quienes eran considerados junto con el Islam como “los pueblos del libro y de la música”. Así, pues, durante la supremacía cordobesa, ganó fuerza la idea de que la coexistencia de las distintas culturas no está en conflicto con la sustancia del concepto monoteísta de un solo Dios. Desde esta amplia visión del mundo, Al-Kindî, el desarrollo del pensamiento y del conocimiento se define como una búsqueda incesante de la verdad. Definición que parte de Aristóteles y está fuertemente alambicada con un neoplatonismo, y reactualizada en su sentido epistémico por Averroes desde las tradiciones esotéricas propias de los árabes, de modo que, “Veritas filia temporis”, o la verdad es hija de los tiempos. Los contactos culturales entre árabes y latinos comienzan desde el siglo noveno. Éste es, por cierto, el de mayor auge en las escuelas de traductores –entre ellas las de Bagdad- que tanto contribuyeron a la filosofía. Para el siglo décimo el intercambio cultural es inmanente.

Es cierto que la abundancia de espléndidas bibliotecas, belleza arquitectónica, refinamiento social y lujo en Al-Andalus –nuestra Andalucía-, fue alimentada por los aranceles, gravámenes, el botín de guerra, la sujeción de los estados cristianos y los tributos impuestos a sefaradíes y cristianos, además, por supuesto, del floreciente comercio que se expandía hacia todas las direcciones del compas. Pero no cabe duda que esta expansión civilizatoria y comercial benefició a toda la Europa cristiana, bárbaros germanos o romanos tardíos.
Políticamente hablando, los tres grandes gobernantes Omeyas de Córdoba liberaron progresivamente a la España musulmana del poder oriental, proceso que culminó con la decisión tomada por el tercer Abd-El-Ram-man de proclamar a Córdoba como un califato independiente de Bagdad, y reuniendo tanto el poder político como el religioso en un Estado autónomo y libre. Hábil, escrupuloso y juicioso el tercer gobernante Omeya, supo controlar a las tribus rebeldes de África del norte, Almorávides, y a los árabes peninsulares, para que de forma conjunta elevaran Al-Andalus al esplendor. Sin embrago cuando los almorávides cruzaron Gibraltar el esplendor de Córdoba decayó por el fanatismo y la militarización.

Entre 1010 y 1248 Sevilla se convirtió en el nuevo centro de la cultura musulmana en España. La dinastía de los Almohades reinó un siglo de esplendor. Fue en este período en el que vivieron los dos más altos pensadores de la España Medieval. Uno de ellos el judío Maimónedes, era doctor, escritor del árabe, conciliador de la filosofía de los helénicos y la del judaísmo, recapitulador del Talmud. El otro Averroes, fue el filósofo que, como ya se ha mencionado más arriba, reintrodujo a Aristóteles en Europa y que se atrevió a pensar en una doble verdad, esto es, una verdad mítica revelada por Dios, y una verdad científicamente comprobada.

Al iniciarse el declive del poder árabe España después de la derrota de las Navas de Tolosa en 1212 y la caída de Sevilla ante el ataque de Fernando III en 1247, sólo una tercera gran ciudad sobrevivió para preservar la herencia: Granada. Este fue el reino final, que presidió el crepúsculo de la sociedad musulmana en la Europa árabe, entre 1248 y 1492.


















lunes, septiembre 26, 2011

MIRADA REFLEXIVA HACIA LA EDAD MEDIA DESDE JEAN MARKALE



MIRADA REFLEXIVA HACIA LA EDAD MEDIA
DESDE JEAN MARKALE[1]

JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA[2]
22 de septiembre de 2011

Or est laches, chetis et moiz,
Vieux, convoiteus et mal parlant;
Je ne voy que foles et folz…
La fin s’aproche, en verité…
Tout va mal…[3]
Eustache Deschamps
Oeuvres complêtes.

Las turbulencias que marcaron en todos los terrenos, lo que se ha dado en llamar el año mil, provocaron el cuestionamiento de toda la sociedad occidental cristiana, sin por ello poner en duda el principio fundamental que le anima, la famosa ley de los tres órdenes, que no es sino la vieja distribución tri-funcional de los indoeuropeos.

A partir del siglo XI, una Europa nueva e irreconocible, despierta de las noches de pesadilla del año mil, una Europa que apenas comienza a integrar las distintas aportaciones de su larga gestación en una síntesis que se hará cada vez más armoniosa antes de esterilizarse a finales de la edad media, precisamente por la usurpación llevada por la Iglesia Romana en los campos de la espiritualidad y del saber. Del siglo XI a finales del siglo XIII, se produce una fantástica revolución, una revolución en el un sentido de re fundación y retorno al punto de partida, y no como en la acepción moderna de cambio de orientación.  Ese período es también conocido como la época del amor cortés,  que Jean Markale denomina el <<fin’amor>>, al menos a la parte de ese período en que ese amor cortés se manifiesta en la vida espiritual, intelectual y especulativa tanto como en la vida literaria, que es la única que nos ha dejado huellas duraderas y ricas en significados. Pero estos registros y huellas son en realidad la cima del iceberg, y es probable que una vez que los estudiosos saquen a la luz la parte sumergida, muchas de las ideas que sobre la edad media hemos heredado, como cánones inamovibles o parcelas doctrinarias de un saber sintético pero incompleto, sean cuestionadas y abandonadas.

Por otra parte, si la expresión “edad media” es una cómoda designación para dar cuenta del período que va de la caída teórica del imperio romano hasta la Reforma, se trata sólo de un hito cronológico. Está constituido por tantos períodos distintos, contradictorios incluso, que sería inútil querer convertirlos en una totalidad organizada y estructurada de modo coherente. Hay tantas edad media como tentativas para explicar el mundo y el ser humano en función de las múltiples interpretaciones que de ellos habían dado las civilizaciones anteriores, tanto las que podemos clasificar como indígenas, “bárbaras” por lo tanto, como las que fueron implantadas, de buen grado o a la fuerza, en los países que constituyen la Europa occidental.

Si la importancia de la latinidad –siendo el término preferible al de romanidad- es absolutamente innegable, debe reconocerse, sin embargo, que esta latinidad no es el único componente de lo que está construyéndose. Y eso a pesar de que el cliché ideológico defina a la Europa Occidental como latina frente a la Europa oriental, que es griega. Cierto es que la lengua latina, directa o indirectamente, y en especial “por la vía de la religión”, está en una posición dominante, en situación de “hegemonía” incluso. Pero supone olvidar que la lengua latina introducida en la Galia era lo que los lingüistas denominan bajo latín, es decir, latín clásico muy evolucionado y “pervertido” por diversas influencias. Supone olvidar, también, que la latinidad abarca un basto conjunto que no sería lo que es sin su componente helénico. Bien sabemos que la civilización romana del Imperio no tiene ya nada que ver con la del primitivo Lacio: sería, pues, más justo hablar de <>. Y, además, no deberíamos desdeñar la aportación del Próximo Oriente a la Roma Imperial. Estos datos ponen en relieve el uso ideológico de la idea simplista del supuesto toral de la ecúmene Imperial romana, matriz y cerebro de la Europa feudal, dueña del mundo, de las artes, de la filosofía, del Derecho y de la civilización en general. A decir verdad, los únicos que pretenden ser herederos de la Roma Imperial son los papas y emperadores, y por consiguiente, todos los que ocupan un peldaño cualquiera en la estructura emplazada por la autoridad imperial y la autoridad pontificia. Pero esta usurpación es un abuso de poder y un abuso de confianza, empleado, en el caso de la Iglesia romana, para justificar el poder político y mundano del solio pontificio (apoyado por los obispos y cardenales), como siglos después demostraría el movimiento de Reforma.

Con la ayuda de la confusión, el cristianismo suele ser colocado en la latinidad. Excesiva precipitación. Solo de forma contextual, el cristianismo es responsable, en gran parte, sobre todo en Francia, de la victoria de la lengua latina sobre otras lenguas, pero el cristianismo es, a fin de cuentas, algo distinto de una ideología latina: el apelativo de Iglesia católica romana, justificado por la importancia que en ello tuvieron y siguen teniendo los cuadros políticos romanos, oculta realidades mucho más complejas y claramente heterogéneas. Jean Markale hace una profunda observación a este respecto: “no debe desdeñarse… de que el cristianismo naciera bajo control romano, en un medio judaico muy influido por la civilización helenística y teñido, de modo indeleble, por las doctrinas neoplatónicas”, después de haber transitado todo por la Grecia helenística antes de encallar en una Roma minada ya interiormente, tanto por el ateísmo triunfante como por las religiones mistéricas, especialmente por los cultos orientales. Por consiguiente, no podemos atribuir con claridad la parte correspondiente de responsabilidad a unos y a otros, en esta operación de alquimia socio-cultural.

La edad media no sería lo que es sin la <>. Y es doble: continental, por los francos y los distintos pueblos llamados “bárbaros”[4] entre quienes los visigodos son los más notables, e insular y escandinava, por la oleada más tardía, de hombres del norte. Modificando profundamente las estructuras originales del Imperio romano, u ocupando esas estructuras, los germanos provocaron una evolución cuya profundidad sigue, a menudo, sin sospecharse, y cuyas huellas son visibles aún hoy en todos los países de la Europa Occidental.

A ello se añade la <>. Presentados como conquistadores y como destructores de la fe cristiana, aquellos a quienes solía denominarse entonces como sarracenos son, sin embargo, civilizadores, al igual que los demás pueblos. Y si la civilización musulmana es una síntesis entre distintos elementos tomados del paso de los discípulos de Mahoma, no deja por ello de constituir una gran abertura a un mundo hasta entonces desconocido, una considerable aportación, también, en el campo del pensamiento filosófico, del arte, de las tradiciones llamadas esotéricas o herméticas. Y a partir del siglo XI, esta influencia es especialmente sensible en las regiones mediterráneas: la península ibérica es, en efecto, una encrucijada donde se encuentran, se codean y finalmente, confraternizan los musulmanes, los judíos y los cristianos. De esta confrontación nacerá en parte la civilización al-andaluz, una de las genuinas épocas de oro de la historia de España. Y es entonces conveniente no desdeñar posibles arquetipos mediterráneos en la formación del amor cortés y de la refinada literatura que lo manifiesta.

Existe, por último, un elemento que tiende a desdeñarse demasiado, porque es el más antiguo, el más sutilmente discreto, por no decir secreto: el elemento céltico. La mayor parte de la Europa occidental fue invadida y limpiamente colonizada, durante las dos edades de hierro, por los pueblos de lengua céltica y, sobre todo en ciertas regiones, como las Galias del Este (considerada, sin embargo, como germánica), la Armórica, el macizo Central, Gran Bretaña, las huellas de la presencia de los celtas están muy lejos de haber desaparecido: muy al contrario, todo parece indicar que las subestructuras célticas no están en absoluto arruinadas en el siglo XI y que constituyen, incluso, el fundamento de todo lo que se construye.

Deben recordarse todos estos datos arriba esbozados si se desea comprender cómo y por qué, durante el siglo XI, apareció un nuevo modo de plantear el problema de las relaciones entre los hombres y mujeres, estando estas relaciones estrechamente vinculadas a especulaciones intelectuales y espirituales.


[1] Markale, Jean., L´amour courtoise ou le couple infernal. Editions Imago, Auzas Editeurs, París 1987.  Pp. 7-34.   
[2]  Para contactar al autor:
[3] Ahora el mundo es cobarde ruin y débil,
Viejo, codicioso y maldiciente;
Yo no veo más que locas y locos…
Es verdad el fin se acerca…
Todo va mal…
[4] Las invasiones bárbaras, completadas a principios del siglo VI, dividieron a Europa occidental entre seis grandes tribus germánicas: visigodos, borgoñones, ostrogodos, anglosajones, francos y vándalos. Los reinos estaban organizados sin cohesión y solo los francos sobrevivieron a la oleada de posteriores invasiones. Del dominio de estas tribus germánicas, transculturadas, salieron las modernas Francia, Alemania, Bélgica y los Países Bajos.