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lunes, septiembre 22, 2014

SEPARACIÓN HABEMUS



La separación: negación de Narciso


Hace algunos años cometí la ligereza de terminar una conferencia sobre la separación de los amantes citando un penetrante verso de Lou Reed, en el que el cantante newyorkino formula una de las más lúcidas y maduras peticiones de principio en la vorágine de la desvinculación afectivo-fisica: “La encrucijada te llama hacia una liberación, deja atrás vivir la vida de otro, toma el primer tren y ve a donde quieras, dueña de ti, sin culpa, plena y vital, despertando dulcemente a la rara belleza del mundo”.  A los asistentes de la conferencia, en su mayoría mujeres, no pareció molestarles la veleidad con la que yo cerré el tratamiento del tema, pero a la editora de la revista donde logré publicar el articulo si, por la injusta amputación que hizo de la cita final de Reed. Y digo injusta porque de entre la fauna variopinta del rock contestatario de la segunda mitad del siglo XX, el escritor, poeta, músico y compositor, recientemente desaparecido, es una de las voces más representativas y certeras en cuanto a describir la disolución y metamorfosis de los vínculos amorosos  y el naufragio del goce por una sobrecarga de chantajes y mermeladas  existenciales. Del rompimiento de los vínculos emocionales por una sobrecarga de medias verdades, hipócrita-mente embaladas en un páramo simulador y superficial, que los adultos solemos emplear de emergencia cuando todo se ha ido por el caño. El sacrificio de la pasión cuando la crisis de la pareja estalla con un vendaval de resentimientos acumulados, culpándose mutuamente de no ser fieles al ritual de la codependencia.

Al final, la única lección definitiva de cualquier proceso de separación afectiva es que nada ni nadie es para siempre.  Entre ganar y perder se vive una búsqueda desesperada, divertida, hedonista, se colman los sentidos y se vuelcan los sentimientos. Los afectos habitan siempre un territorio frágil que a cada paso se resquebraja. Como se ve, ningún sueño es para la eternidad y la ilusión de lo perpetuo es pura feligresía neurótica…

O al menos eso es lo que dicta mi propia experiencia, sin pretender apropiarme el papel pontificio de la generalización y sin desear que se me confunda con un apologético del rompimiento amoroso. En el complejo y cambiante territorio de los sentimientos no hay lugar para generalizaciones: hay separaciones terribles y separaciones livianas, hay separaciones tristes o festivas, hay separaciones que terminan antes de dar formal terminación al matrimonio, hay separaciones que terminan en divorcio que es el contrato legal en el que se especifican su objeto y condiciones con alcances legales, hay separaciones que terminan en gozosas reconciliaciones, hay separaciones que desembocan en segundas nupcias con la misma pareja, hay separaciones intempestivas y otras que van madurando como la uva de los buenos vinos. En efecto, hay separaciones de todos los tipos e intentar clasificarlas en un patrón es puro ejercicio insulso.

A esa amputación evidentemente moralista, están dedicadas estas líneas y no con resentimiento, sino sólo con la convicción de reafirmar la fuerza y la intuición de un artista que me gustaba, el cual, se ubica en la línea reflexivo-analítica  de gentes como Igor Caruso, para quien el rompimiento de los amantes es la prueba definitiva de que el deseo trasciende las individualidades y se mueve en un sentido de persistencia consciente, liberándose para volver a amar desde el goce y no desde el dolor o la obsesión.

Adenda bibliográfica. Si alguien desea realizar una revisión literaria sobre el tema, o sobre sus contextualidades poético-separatistas y psicológicas, os recomiendo consultéis con provecho la siguiente novelística y literatura especializada, enlistada en estricto orden aleatorio:

1.      Gabriel García Márquez, Diatriba de amor contra un hombre sentado, Grijalbo-Mondadori.  Un fresco femenino desolado sobre las ilusiones perdidas y el amor vacío. 
2.      Melania G. Mazzuco, Un día perfecto, Anagrama.
3.      Robert Musil, Uniones, Editorial Sextopiso.
4.      Oriana Fallaci, Un hombre, Noguer.
5.      Elfriede Jelinek, Las amantes, Mondadori.
6.      Ingmar Bergman, Conversaciones íntimas, Tusquets.
7.      Berarda del Vecchio, Túmbame, Arcopress.
8.      Elena Sevilla, El silencio de las amantes, Axial.
9.      Gioconda Belli, La mujer habitada, Seix Barral.
10.  Joseph Roth, El triunfo de la belleza, Acantilado.
11.  Beatriz Rivas, Amores adúlteros, Alfaguara.
12.  Henrik Ibsen, Casa de muñecas, Quinto sol.    
13.  Melody Beattie, Ya no seas codependiente, edición electrónica.
14.  Elena de Hoyos (compiladora), Bajo la sombra del guamúchil. Historias de vida de mujeres indígenas y campesinas en prisión, Edición electrónica.
15.  Igor Caruso, La separación de los amantes, Siglo XXI editores.  
Separata de última hora. Sin querer queriendo como dijera el clásico Chavo del Ocho, me acabo de enterar del “sensual” divorcio de unos viejos amigos gracias a la indiscreción de unos mórbidos conocidos, que me han pedido sumarme a la hostia de chacotear alegremente el infortunio ajeno.

Lo único que puedo decirles a los protagonistas es que guarden la calma y espero sinceramente que sea un feliz reencuentro con la parte de responsabilidad que les corresponde.


A los segundos, lo único que puedo decirles es que son patéticos, envejeciendo indignamente con sus cerebros sicalípticos y oligofrénicos.

viernes, mayo 23, 2014

PENSAMIENTOS QUE SABEN A HIEL, PESADILLAS QUE NO SE VAN



REFLEXIONES A PARTIR DE LA PELÍCULA

VAMOS A JUGAR AL INFIERNO




JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA


Enero 2014




Sentía una angustia terrible y para disiparla caminé un par de kilómetros en dirección norte de la avenida Morelos. Pese a la urgencia de conectar vectores de transporte para recorrer 16 kilómetros hasta mi casa en menos de una hora. Pero era más importante aclarar por qué sentía ese peso terrible en el pecho y la bruma espesa de sentimientos encontrados que golpeaba con marejadas terribles mis frágiles convicciones. De pronto me sentí desolado, vacío, hueco, deshojado, derrotado, con una melancolía que se reveló plena y profunda. Un estado tal que no podía ser mitigado con nada, vamos, ni siquiera con la cercanía de la gente de la que me despedía…

No conozco las cifras de violencia en Japón, pero sin dudad es una sociedad en la que ocurre y en la que incluso, ciertos aspectos de su cultura la permite como una manifestación natural del sentido de la vida. La matanza entre clanes Yakuza, los suicidios rituales, las decapitaciones de la mafia japonesa, las armas de fuego, los suicidios entre adolescentes, el aislamiento y la soledad hakikomori, la severa ética del honor, el fundamentalismo y la fidelidad hacia las figuras de autoridad, los principios que componen la filosofía bushidō de las órdenes militares Samurái, etc., todo ello mueve a los cineastas japoneses –como Akira Kurosawa o Takeshi Kitano- a abordar la violencia desde distintas ópticas, histórica, documental, reflexiva o descriptiva. O incluso, como en el caso de la película  Vamos a Jugar al Infierno, con un enfoque lúdico y desmitificador, donde la violencia, la sangre y la muerte son engastadas en situaciones hilarantes y humorísticas, con una saturación de absurdos que por momentos hace que las escenas luzcan delirantes o con un barroquismo de armas y carnicería muy cercano al sarcasmo de manicomio. Pero la verdad, ni con Kurosawa ni con Kitano, me había quedado esa sensación de vacío, como me ocurrió con Vamos a Jugar al Infierno.  Justo cuando casi ya no podía parar de reír, los ecos de una sombra murmurante se hicieron presentes. La sensación de un malestar subterráneo ascendió  lentamente hasta mi conciencia, generando fragmentos de pensamientos chocantes que ya se habían manifestado otras veces, pero no con la intensidad que ahora laceraba, que ahora quemaba desde dentro todas mis -frágiles-certezas. Por increíble que parezca, esta película desaforada me hizo pensar en cómo nos ha cambiado psicológicamente la cercanía de la violencia y la realidad cotidiana de los asesinatos que hoy martirizan a Cuernavaca –y otras ciudades de México-.

Esta comparación fugaz  entre la intención lúdica de la película y nuestra situación real, me hizo pensar en cómo la violencia nos ha obligado a mirar desde la amargura, propuestas artísticas que tratan estos temas desde el humor negro. La desmesura sicalíptica y oligofrénica de la película, me hizo pensar, en la tremenda ruina moral en la que vivimos y en la terrible incertidumbre impuesta por el miedo de que la violencia golpee cualquier día a la puerta de conocidos o vecinos, o, incluso la mía  para cobrarse una vida más o varias. Me hizo pensar hasta qué grado la violencia en nuestras ciudades nos ha obligado a andar en la vida con una expresión ambulatoria de funerales anunciados. Este horror nada lúdico que nos golpea mientras el Estado hace agua por todos lados, nos conmina a reprobar esta propuesta cinematográfica a la que sólo le interesa entretener y no arreglar el mundo…

Sin querer, encontré en esa comparaciónentre lo risible y la maldita vecindad donde vivimos rodeados de un destino despiadado, todo eso que la violencia nos has quitado: la inocencia, el coraje, la certeza, pero sobre todo la convicción de que, comparada con los largos procesos de la  historia social -que hay detrás y la que viene del futuro- la violencia no durará mucho...

Pensar en eso me hizo descubrir la esperanza que yo he perdido.  Justo eso es lo que de golpe entendí: las consecuencias de la violencia, el significado de 150 mil ausencias, el peso de todos aquellos que han desaparecido, el recordatorio insistente de nuestra orfandad, el costo que se ha cobrado en términos de salud mental y ganas de vivir. A todas luces, la persistencia de esta descomposición significa una derrota del esplendor de la vida a manos de la peor de las miserias.

Ahora estaba claro por qué hui de la gente y caminé desesperadamente un par de kilómetros hacia el norte de la avenida Morelos. Pese a la urgencia de conectar vectores de transporte para recorrer 16 kilómetros hasta mi casa en menos de una hora, era más importante aclarar por qué sentía ese peso terrible en el pecho y la bruma espesa de sentimientos encontrados que golpeaba con marejadas terribles mis frágiles convicciones. Necesitaba encontrarme pero no lo logre. Necesitaba calmar mi enojo, pero no pude. Necesitaba consuelo y no lo hallé. La risa que me produjo Vamos a Jugar al Infierno se convirtió en amargura y llanto, desolación y desesperación. Se convirtió en una sensación de derrota personal. El infierno no era un juego, me estaba quemando desde adentro…


Sólo espero poder salir ileso de esta desilusión. Espero poder reponerme de este “veinte” que tan violentamente ha caído en mi intelecto, obligándome a mirar los mismísimos abismos. Espero aprender algo de esta pasmosa lección y franquear estos pensamientos que saben a hiel, para poder salir de estas pesadillas que desde hace meses no me dejan dormir. Desde muy joven tengo la convicción de que jamás he de rendirme para seguir adelante. Pero ahora con esta sombra que me lastra, tal convicción se ha transformado en un inquietante tal vez.    

miércoles, mayo 07, 2014

EL SARCÓFAGO DE SAN SEBALDO



EL SARCÓFAGO DE SAN SEBALDO

Jorge Antonio Díaz Miranda
Mayo 2014


Los anillos de Saturno están formados por cristales de hielo y por lo que se supone partículas de polvo de meteorito que giran en torno al planeta en trayectorias circulares, describiendo una órbita que se sitúa a la altura de su Ecuador. Probablemente se trata de los fragmentos de una luna anterior que, demasiado cercana al planeta, se desintegró por la acción de las mareas de Saturno.
Enciclopedia Brockhaus.

I     
UN libro de reminiscencias. Eso es, lo que voluntariamente o no, confeccionó el escritor alemán Winfried Georg Sebald, durante su ya célebre caminata por el condado de Suffolk (Inglaterra). Sus recuerdos, apuntes, memorias y notas diversas, dan pie a un libro reflexivo, que vagabundea por distintas  épocas de la historia europea. El misterioso título Die Ringe Des Saturno (Los Anillos de Saturno), sugiere un itinerario intelectual con sentido épico, de tiempos heroicos y sagas históricas, barruntados de miseria y grandeza, tensiones y malestares sociales, encrucijadas y cambios profundos en las culturas de los países; que desembocaron en la transición entre épocas diversas. Sebald, sugiere que cada período histórico es un anillo de escombros gravitando el Ecuador de la creación estética, revolucionando de forma cíclica el orden político, cultural y social de la modernidad. Las reflexiones del escritor alemán están impregnadas de lo que Claudio Magris describe como desencanto, es decir, una desilusión esperanzadora, combativa, reactiva, que parte de una petición de principio consistente en la conservación de la memoria fundacional, la plataforma de la gran cultura europea. A manera de contextualización, Sebald recuerda la atmosfera sombría que  alimentaba las crisálidas negras de sus atormentadas reflexiones, hacia el año 1922: “Entonces emprendí un viaje a pie a través del condado de Suffolk, al este de Inglaterra… con la esperanza de poder huir del vacío que se estaba propagando en mi… Me mantuvo ocupado tanto el recuerdo de la bella libertad de movimiento como también aquel del horror paralizante que varias veces me había asaltado contemplando las huellas de la destrucción.”  Las trompetas de los ángeles del exterminio tocaban los portales de la razón para anunciar la ruina. Locura y muerte se agitaban desde el este, anticipando signos nefastos y visiones terribles, túmulos funerarios que se propagarían por Europa tras los fragores de la guerra.               
II
En el año 1507, el patriciado de Núremberg encarga al fundidor Peter Vischer construir un sarcófago de latón para Sebaldo, santo príncipe del cielo. En junio de 1519, tras los últimos retoques de un trabajo de doce años, el monumento funerario de trece toneladas de peso y cinco metros de altura, queda terminado con un trabajo primoroso lleno de símbolos y alusiones míticas, tanto paganas como cristianas, que sintetizan el cosmos de la salvación espiritual. El monumento está adornado en su base por doce caracoles y cuatro delfines arqueados, que van “transportando” que aluden a la trasmigración de las almas en su viaje a la eternidad. En el zócalo del monumento se aprietan faunos, sirenas, seres fabulosos y animales de todas formas imaginables, en torno a las virtudes cardinales femeninas de la inteligencia, mesura, justicia y valentía. Un nivel arriba, pueden verse figuras legendarias como las de Nimrod el cazador, Hércules con la porra, Sansón con la quijada de burro y el dios Apolo entre dos cisnes; es decir, la tenacidad, la fortaleza, la entereza y la templanza. En el mismo nivel se encuentran representaciones del milagro del hielo, de la comida de los hambrientos y de la conversión de un hereje. A continuación, vienen los apóstoles con sus instrumentos de martirio y sus emblemas, y por encima de todo, Jerusalén, la ciudad sagrada de tres montes con sus innumerables viviendas, la novia ardientemente esperada -que elogio Salomón en su cantar-, la imagen de una nueva vida y la morada de Dios entre los humanos. En la parte más interna del requit (receptáculo) - fabricado de una sola pieza de metal-, rodeado por ochenta ángeles, dentro de un relicario chapado en láminas de plata, descansan los huesos del muerto ejemplar, predecesor de un tiempo en que se nos secarán las lágrimas de los ojos y no habrá penas, dolor o lamento…                         
III

Casi nadie sabe que Sebald fue un agudo crítico literario, que, desde su cátedra de literatura comparada de la Universidad East Anglia en Norwick Inglaterra, ejerció su oficio con clarividencia y pasión. Quizá esté fuera de lugar la observación de que el ensayista alemán sea un experto en exilios. Pero la puntualización sirve para entender su tono desangelado y melancólico. Una melancolía que no es una negación de vivir y menos aún una suscripción al suicidio como solución final del malestar de la vida, más bien debe entenderse como una forma de resistir los embates del hedonismo, la banalización y la desmemoria. Uno de los puntos de inflexión crítica de sus ensayos es el concepto de patria, que por encima de las catástrofes históricas separatistas,  configura una de las obsesiones de la literatura austriaca de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Entre las ruinas, Sebald reflexiona sobre el tema de la muerte en El Castillo de Franz Kafka, la paranoia del poder en Elías Canetti, la sátira de Berhard y Karl Krauss, las historias alemanas del gueto y los relatos antisemitas de Sacher-Masoch, la historia natural de la destrucción sobre el bombardeo de las ciudades alemanas…              

sábado, abril 12, 2014

REQUIEM FOR A DREAM


REQUIEM FOR A DREAM


JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA[1]
Abril 2014


Para Karla, Ruben, Aldo, Giselle y Alberto…



I. El “crescendo” fílmico de una realidad sin anclajes

El director Darren Aronofsky subleva la sensibilidad del cinéfilo,con una  andanada de emocionesque persisten a lo largo de toda la cinta  en un crescendo agónico que lo persigue hasta el letal desenlace.La primera escena establece de forma absoluta el contexto perturbado en el que se desarrollará la desquiciante historia de Sara Goldfrag y la de su hijo desalmado, el drogadicto Harry;  pero en verdad que no hay ni para donde moverse en ese proceso de corrosión de la maternidad.

“Viene de lejos y   parece  no tener fin la guerra entre padres e hijos, la herencia de las culpas, el asesinato de la inocencia”.[2] No olvidemos que la modernidad se funda desde Iván Turguéniev (Padres e hijos,  1862) y Dostoievski (Los hermanos Karamazov, 1880), a partir de una profunda ruptura entre padres e hijos, que desdobla el apego en dos dimensiones contrapuestas: el vínculo amoroso que tiene un sentido manifiesto, y su contraparte que se mueve   furtivamente en las aguas cenagosas de lo latente.

Desde la azarosa lectura del Evangelio sabemos que no es  la duda lo que enloquece sino la certeza: en el mundo despiadado de los recientes años que corren con una celeridad  desbocada, los mejores valores  de la humanidad han sido derrotados, de modo tal que, en la viciada “normalidad” que nos rodea, las compulsiones y las obsesiones sobrepasan  cualquier sistema moral. No cabe duda que las drogas forman parte de la escena actual de la cultura estadounidense. Al igual que las armas, el trabajo compulsivo y la ansiedad.

El estado de New York - que comprende cinco boroughs (que se entiende como condados o ghettos): Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens y Staten Island, presenta uno de los más  altos índices de  delincuencia juvenil asociado con el tráfico de drogas y su consumo. Las drogas que consume con más frecuencia la juventud neoyorkina, perteneciente a los estratos sociales de clase media y baja, son: marihuana, cocaína (crack), heroína y anfetaminas[3]. En el mismo informe se puntualiza que repunta el tipo de consumo de cocaína inyectada. En efecto, en la cotidianidad la gente común no vive en el imperio de la ley o el mundo de la razón. Vive como puede  y hace lo que puede con lo que tiene; y, a pesar de su cognición o los avances de la tecnología, los patrones de la alienación mediática siguen utilizando los mismos mecanismos arcaicos, primitivos, instintivos, compulsivos, atávicos o rituales. Mecanismo que se activarán incluso en el seno de una sociedad industriosa y puritana que concibe al individuo como algo imperfecto, es decir, siempre en falta.

Recordemos que ya desde la postrimerías de la sociedad de masas y en vista del creciente poder de los mass-media, el artista pop Andy Warhol había profetizado quince minutos de fama televisiva para el individuo,  que los buscaría con el furor religiosodel nuevo “opio” del pueblo[4] (que según Karl Marx disociaría al individuo de su realidad material). Pero aunque la tele basura sea una franca humillación a la dignidad humana, provee una “realidad a parte” de la que vive una mujer como Sara Goldfrag,  encadenada por la doble moral a una rutina de aislamiento, aburrimiento, vulnerabilidad social y violencia. Esta última propinada por su propio y único hijo: Harry.


II. Sara: disolución, vulnerabilidad, olvido y angustia

La enfermedad de la modernidad es la soledad. Los adultos mayores son objeto del aislamiento social.  Su vulnerabilidad es manifiesta.  Sara a sus presuntos cincuenta años ya está deprimida, aburrida, ella cree que su vida no tiene sentido. Su adicción es la televisión y sus reality  shows de triunfadores en serie, le proveen el medio de “sentir algo” mientras el tiempo pasa. Sara es atávica, repetitiva, ritual. Su conducta se alimenta de rutina, aunque no se da cuenta que la rutina también alimenta una sórdida repetición.  Sara no tiene poder sobre su hijo, y tampoco lo tiene  para poder  cambiar su realidad,  se disuelve en el marasmo del anonimato. En vida se olvida de sí misma para eludir la angustia de existir,  es una “mujer rota”, es decir, escindida, fragmentada, desarticulada y abrumada por el desencanto. La vida sencilla que lleva se parece a la de una fugitiva enferma mental, alojada en el espacio reducido de un departamento de interés social. Su vida está circunscrita a un pequeño reducto vital que no tolera variaciones. Seguramente no duerme muy bien en las noches y en medio del insomnio,  Sara renace a un mundo de  sombras furtivas con  signos de una alteridad siniestra que amenaza su cordura con  extraviadas visiones y alucinaciones rejuvenecedoras que, pese a su lado plácido,  la amenazan desde la “torre”frigoríficacon  comidas rápidas y fallidas dietas que no pueden devolverle el glamour de un market bodie. Sara se obsesiona con la perfección y adopta un accidentado hábito anfetamínico, recetado por un médico sin escrúpulos, que le ayude a reducir la grasa sobrante de sus caderas maternales. Sara ya no tiene tiempo, ya no puede esperar,  siente que ha vuelto a sentir el pulso de algo lejano envuelto en la extrañeza, pues ella ya  no distingue los matices del tiempo. Se ríe con una mueca interior desolada y su mirada no es de este mundo, ya  no volverá de su tardía saga química, el shot ansiolítico toca la puerta para cobrarle factura, la psicosis anfetamínica[5] le causa un   prematuro otoño. Los paraísos artificiales de la “moderna farmacia utópica” no suelen durar mucho, sobre todo en la noche, cuando en la oscuridad,las paredes parecen estrecharse, al punto de provocarle a Sara una inequívoca sensación de estar atrapada en una jaula. Sara ya no posee una idea de futuro,  está agotada y sin alicientes;  ya no espera nada, ni a nadie y  nadie la espera, sólo     un mundo de fantasmas puebla sus fantasías. 


III. Harry:una personalidad en el límite

La rebelión química de Harry es transgresora pues rompe los cánones de la autoridad. Se encuentra a mitad del camino que une una intoxicación moderada con una intoxicación severa. La violencia, la inestabilidad emocional, las alucinaciones, la ideación paranoide, el descuido personal, la pérdida de peso, el escalamiento en el consumo de cócteles euforizantes inyectables y la ansiedad cada vez más prolongada, constituyen algunos signos evidentes de su progresivo deterioro psíquico, neurofisiológico, físico y mental. Harry actúa  como un  border line[6] (trastorno límite de la personalidad: TLP). El estado físico de Harry denota un inequívoco estado enfermizo de infecciones progresivas, desnutrición y deshidratación, inducidas por la ingesta excesiva de preparados toscos que combinando clorhidratos de mala calidad y bicarbonatos sódicos, que exigen de su hígado un trabajo metabólico extra. Su consumo incontrolado lo somete a un estado perenne de hambre por la droga,  además de las depresiones tras un período de abstinencia que se presenta de forma más frecuente no obstante las dosis crecientes que consume. La ambivalencia emocional de Harry está emparentada con la preeminencia del sistema de compensación límbica sobre áreas de procesamiento cortical y modulación voluntaria de la conducta,  alojadas en áreas frontales del cerebro. Harry ya no tiene el control de su conducta, su cordura depende  de un incesante bombardeo bioquímico opiáceo-euforizante. Harry es un joven emocionalmente perturbado que siente una profunda necesidad de aliviar la ansiedad y depresión que subyacen a su inestable personalidad. Harry se inyecta drogas para olvidar que está deprimido, le  gusta estar  colocado, very high, para no sentir la vorágine que lo empuja hacia el lado de algún tipo de responsabilidad o compromiso. Harry se siente más allá del bien y del mal,  es egocéntrico, una especie de Dioniso posmoderno separado de sus propios sentimientos y de los sentimientos de los demás. Harry sólo vive en el presente y a pesar de su amistad con Tyrone y de su noviazgo con Marion, él evita comprometerse. No quiere comunicarse con Sara, su madre,  no la quiere escuchar, no espera nada de ella, no quiere nada con ella porque siente que entre ambos hay una inmensa distancia. Harry es intolerante y violento con su progenitora y está seguro   que Sara no tiene nada que decirle, ella    sólo le produce  lástima,  depresión y ansiedad.


IV. Marion: la diva del  actingout

Marion, la sensual novia de Harry, actúa en la misma espiral de dependencia y distorsión de la realidad que su partner. Hace un uso pragmático  e individual del lenguaje, es decir lo amolda a su antojo y cree tener la batuta en su juego de “femme fatal”, pero en realidad está viviendo también  una “realidad a parte”, porque el vínculo que establece con Harry tiene que ver con su dependencia irrefrenable a la sustancia. Marión es auto referencial, la realidad comienza y termina donde ella dice. Marión es insegura, frágil, lábil, evanescente, tiene todo lo material,  pero sus padres nunca están presentes. Marión es la diva del acting out[7]:impulsiva, colérica, irascible, ilimitada, una chica que se rebela contra cualquier fragmento de autoridad que le recuerde a sus padres. Marion no es capaz de hacer frente a la ansiedad de la separación, por eso depende de Harry a tal punto de no percibirse distinta de él mientras “el viaje” está en curso. Marion está dispuesta a todo mientras la sustancia fluya, no le causa ningún remordimiento ser promiscua. Marion tiene predisposición al riesgo y a la adrenalina. No se detiene  frente a los riesgos que su acting out le provoca, respecto de la sexualidad. Marion es dos personas:en la superficie es una chica inteligente, sensible y protectora; en  el fondo es una chica frágil, intolerante, tirana, compulsiva y cruel. Marion es rápida en exigir cambios que le favorezcan; exige un mundo de obligaciones de los otros pero que no le generen consecuencias; quiere actuar y actúa pero sin pensar. Marion posee el talento de enjuiciar a los demás sin incluirse jamás como parte del problema,  su dependencia la induce a ser un objeto-sexual, pero ella no se ve así. Se percibe como una heroína que busca emanciparse de toda autoridad, miente a los demás y a sí misma    porque teme a la verdad. El autoengaño es la medida del mundo que ella despliega para sí. Marión no siente culpa, eso es para los demás. Marion y Harry están viviendo una especie peculiar de folie a deux[8] mediado por el uso de sustancias psicodélicas. A causa de su pérdida de la realidad  viven experiencias  border line, con actos de vandalismo sólo para apagar su sed de adrenalina.   Los   dos jóvenes amantes se pierden a sí mismos bajo el efecto de la droga y no saben cómo ubicarse en el flujo de los sentimientos, lo cierto es que se usan el uno al otro para escuchar   lo que quieren oír.  La aparente seguridad de Marion se desploma a los primeros síntomas de crisis de abstinencia. Ella no  es capaz de asumir el dolor y el sufrimiento, evade cualquier responsabilidad, incluso consigo misma y prefiere vender su  atractivo  cuerpo  a cambio de una insignificante  bolsita de sustancia.  Esto la llevará directamente en la boca del lobo, es decir, al servicio de los oscuros placeres de un afamado diller.

V. Tyrone: narciso afro y conducta de ghetto
El tercer personaje de esta cinta, es Ty (Tayron), el “amigo” de Harry, un personaje que vive en el ghetto de New York,  el Bronx. Tyrone es un hombre “gang”, la pandilla es él y él es la pandilla. El sentido de su conducta es tribal, atávico, gregario; es decir, indiferenciado, con una identidad indefinida, plural.  El estigma propio del color de su piel, forjó en él rasgos  de pandillero oportunista, cuyo ideal es poder entrar a las grandes ligas de la mafia que domina los suburbios neoyorkinos. Su personalidad es ambivalente: no tiene nada que perder. Lo que le pasa lo deja sin resentimiento o culpa. Su egoísmo desmedido le permite servirse  de Harry,  un blanco desprevenido, para poder empezar un negocio con el hampa de su ghetto. El cándido apoyo de Harry que lo salva de la cárcel con el ahorro de ambos, no es más que un instrumento para que él siga considerando la valía de su liderazgo a pesar de las consecuencias,  es decir,  volver a partir de cero  en el negocio y quedarse sin recursos para el abastecimiento de droga. Ty se “masturba” constantemente con la imagen de su madre, pues, ella representa lo irrecuperable,  la presumible falta de cariño edípico que compensala fallida  sexualidad con su novia disfuncional. La dependencia a los psico fármacos  le impide ver cuáles son sus verdaderos deseos y tampoco le interesa mucho averiguarlo.

VI. La disolución de los vínculos humanos
A pesar de pertenecer a contextos sociales distintos, los cuatro personajes   tienen en común la disolución de los vínculos humanos o de apego. La tendencia a desvincularse de los afectos, a evadir  las responsabilidades y compromisos comunes y ordinarios en el seno de las familias es un rasgo vigente hoy en día. Pero esta supuesta “independencia”, esta ficticia emancipación  ha cobrado  sus costos. Asistimos a una disociación palpable de las relaciones humanas “primitivas”,  que no apela a una exigencia moral fallida, sino a una falta de  consistencia y perdurabilidad  en los afectos más elementales. Estos afectos disueltos e inexistentes han creado un vacío anímico que no se puede satisfacer artificialmente. La  anhelada “independencia” de los vínculos familiares, se ha sustituido con otras  “dependencias” perniciosas e  infrahumanas. Lo que se ha instaurado  en la mayoría de los individuos de nuestra agobiada modernidad y postmodernidad —a partir de la des-composición familiar y social— son la neurosis y  psicosis. Las  variables en el  deterioro de los individuos   son cuantificadas por  circunstancias accidentales,  no por una  voluntad consciente. Una  sociedad que   acepta  tácitamente lo que va en contra de la ley, pero evade  cualquier  responsabilidad tanto familiar como cívica.  Se trata de una  escisión colectiva de la realidad. Lo que cuenta es la   banalización y la imposición externa que acaba en una  des-personalización absoluta. La realidad  ajena se vuelve la propia. En estos contextos no es de sorprenderse la oferta y demanda de drogas sin límite alguno. En  las sociedades urbanas contemporáneas  la dinámica imperante   es  la cosificación de las personas, en pro de  la lógica  del mercado cuya apuesta apremiante es: compra tu felicidad  sin considerar el precio.
Ficha Técnica
Título original: Réquiem for a Dream
Nacionalidad: EEUU
Año: 2000
Dirección: Darren Aronofsky
Guión: Hubert Selby Jr., Darren Aronofsky (basado en la novela de Hubert Selby Jr.)
Producción: Eric Watson, Palmer West ,
Dirección de Fotografía: Matthew Libatique
Montaje: Jay Rabinowitz
Música: Clint Mansell & Kronos Quartet
Reparto: Ellen Burstyn (Sara Goldfarb), Jared Leto (Harry Goldfarb), Jennifer Connelly (Marion Silver), Marlon Wayans (Tyrone C. Love), Christopher McDonald (TappyTibbons), Louise Lasser (Ada), Sean Gullette (Arnold)
Bibliografía

Stevens, Anita y Freeman Lucy. Hijos en Conflicto.Gedisa, México, 1988.
Cajas, Juan. El truquito y la maroma, cocaína, traquetos y pistolocos en Nueva York. Una antropología de la incertidumbre y lo prohibido. Conaculta, INAH, México, 2004.
Kalina, Edoardo. Adolescencia y drogadicción. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1988.
C.I.J, A.C. Farmacoterapia de los síndromes de Intoxicación y abstinencia por psicotrópicos.  México, 2001.
Novelletto, A. Y Spitz, René. La masturbación en el niño y Hacia una revaluación del autoerotismo. Proteo, España, 1969. (Publicado en la Psychatrie de l’enfant. PressesUniversitiares de France, París, Vol. X, fasc. II).
Ocaña, Enrique. El Dioniso Moderno y la farmacia utópica. Ed. Anagrama, Barcelona, 1993.
Bauman, Zygmunt. Amor líquido. Acerca de los vínculos humanos. FCE, México, 2012.

Notas
[1] Colaboración en la redacción de notas psiquiátricas, puntualización bibliográfica, descripción de páginas electrónicasy traducción de este ensayo al italiano, de Marina Julia  Sforza del Ministerio Italiano de Sanidad destacado en Trieste. 
[2]Se cita  a José Saramago en su bello texto literario El Evangelio según Jesucristo, Alfaguara, 1998. ISBN 978-84-663-1845-7.
[3]http://www.drugabuse.gov/publications/research-reports/prescription-drugs/trends-in-prescription-drug-abuse/how-many-people-suffer-adverse-health-cons
[4]Karl Marx enContribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1843: Kritik des hegelschenStaatsrecchts),  publicada en 1844 en el periódico Deutsch-FranzösischenJahrbücher, relata  en síntesis  que se necesita la abolición de la religión entendida como “felicidad ilusoria” del pueblo para que pueda darse su felicidad real. La exigencia de renunciar a las ilusiones sobre su condición es la exigencia de renunciar a una condición que necesita de ilusiones. La crítica a la religión  de Marx, se puede trasladar en este contexto a los mass-media, y todo lo que representa una “felicidad ilusoria”, incluyendo las sustancia  psicotrópicas. 

[5]La psicosis anfetaminica es un tipo de psicosis provocada por el cansancio psíquico tras el abuso prolongado de anfetaminas. Este tipo de psicosis suele caracterizarse porque el sujeto sufre paranoias persecutorias o que atentan contra su persona, varían según la personalidad de cada persona; desde agresividad incontrolada hasta depresión, con ideas delirantes o paranoicas, también suele ir acompañada de alucinaciones auditivas y visuales ya que el cerebro no percibe correctamente las señales de los sentidos. Los síntomas de la psicosis anfetamínica se parecen mucho a los de la esquizofrenia paranoide. En ambos casos suele haber una historia de inquietud, mayor irritabilidad y alta sensibilidad perceptiva, que se desarrolla en delirios de persecución, ideas de referencia y alucinaciones visuales, el afecto apropiado, una conciencia clara, hiperactividad, hipersensibilidad o ausencia de trastorno del pensamiento distingue la psicosis anfetamínica de la esquizofrenia. Otros consideran que es absolutamente imposible una diferenciación clínica. Los métodos de diagnóstico más fiables son las pruebas específicas de laboratorio que detectan la anfetamina en la orina.Borrego, Alicia,(1990)«Anfetaminas».

[6]El diagnóstico del TLP, en el caso de Harry, se confirma por la presencia  de los siguientes criterios  apegados al DSM-IV: auto destructividad, rupturas airadas en las relaciones interpersonales, sentimientos crónicos de profundo vacío y soledad.El término borderline, tiene sus orígenes en hipótesis psicoanalíticas en las cuales el término designa un tipo de frontera entre la “organización neurótica” y la “organización psicótica”. De acuerdo a esta teoría, el trastorno borderline se basaría en la angustia de la pérdida del objeto y se traduciría en una inseguridad interna constante y en actitudes de poner a prueba al entorno de forma incesante.http://www.psiquiatria.com/imgdb/archivo_doc8506.pdf
[7]El acting out es frecuentemente utilizado por  individuos psicóticos ya que, un ataque violento por ejemplo, puede considerarse en relación al acting out de trastornos alucinatorios y delirantes, la conducta resulta consistente con los trastornos y causada por ellos y no tiene nada o casi nada que ver con la realidad. Es frecuente al tratar con pacientes psicóticos esperar a que el paciente tenga una susceptibilidad de actuar, o peor aún, que actúe, partiendo de sus impulsos y percepciones irreales.Revista de Psicoanálisis, Psicoterapia y Salud Mental Vol. 3 nº7, 2010 (Por: José Martín Agreda García).

[8]DSM–4 Criterios para el diagnóstico de Trastorno psicótico compartido. Se desarrolla una idea delirante en un sujeto en el contexto de una relación estrecha con otra(s) persona(s) que ya tiene(n) una idea delirante establecida.







lunes, abril 07, 2014

LOS VAMPIROS IRACUNDOS



LOS VAMPIROS IRACUNDOS
JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA
Abril 2014

“Ciudades desoladas, ruinas modernas,
Donde la lluvia cae con un murmullo trágico
Aunque nadie está para escucharlo en su triste canto…
Las cebras han escapado
Hacia el festín de sangre de los leones.”
Anne Kartwith, Shine

“Viene de lejos y parece no tener fin
La guerra entre padres e hijos,
El sacrificio de la inocencia
El asesinato de los vínculos
La herencia de las culpas…
La culpa es un lobo que nos devora
Nos come y nos vomita.”
Variación sobre un texto original de José Saramago


Son iracundos, aislados, la generación gadget y por consiguiente  virtuales full time, individualistas, egocéntricos, iracundos, híper comunicados e híper informados pero analfabetas disfuncionales, neuróticos ipad, histéricos iphone, infames, nefastos, crueles, gritones, exigentes, hermosos, perseguidores, depredadores, tiranosaurios, críticos incisivos de los anacronismos. Aunque ellos mismos posean cuerpos jóvenes y mentes tempranamente envejecidas, parecen vivir con prisa para morir pronto, sicalípticos, oligofrénicos, desafiantes, en permanente bronca, vampiros que pasan en vela durmiendo de día la resaca del internet. Son jóvenes de clase media baja y alta, descomprometidos con el mañana. Lo que digan las generaciones anteriores para ellos es igual a un montón de nada. No les dice nada, no significa nada. Repelen los libros, se aíslan de la realidad, no quieren saber nada, no les importa nada, sólo quieren estar en paz en su universo paralelo. Su casa puede caerse y a ellos no les importa. Los problemas de sus padres les tiene sin cuidado, les son ajenos… ellos sólo saben pedir pero no dar, ni darse. Hablan de los problemas del mundo reduciéndolo todo al fracaso de los que vinieron antes que ellos. Si el mundo está muriendo que lo arreglen los viejos. Las guerras son estúpidas pero ellos, las ven como un medio para que las generaciones anteriores ardan de una vez por todas. La autoridad es una noción molesta que no se cansan de evadir.


Aunque sean sólo unos niños o preadolescentes o adolescentes son capaces de realizar acciones definitivas, contundentes, extremas, riesgosas, súbitas, que golpean a todo el mundo de forma repentina. Sienten que el mundo de los adultos no tiene nada que ofrecerles, entonces tomarán ese mundo en sus manos y lo harán pedazos. Son los vampiros nihilistas más iracundos, todo puede arder, todo puede irse al carajo… son mini sicarios, ninis, estafadores, voraces. En ellos la distinción entre mentira y verdad es algo que puede eliminarse según las conveniencias, al igual que la distinción entre fantasía y realidad, entre pasado y presente. Viven en un permanente estado sensual, y por ello, su cerebro funciona con el principio del mínimo esfuerzo y permanente recompensa. Funcionan sólo con una porción cerebral ínfima: el núcleo accumbens, por eso, son adictos y se comportan desde edades tempranas como tales. Su obsesión por vivir en el estado play o pulsando mensajes en el What´s up forman parte de una adicción silenciosa que crece hasta embotarlos. Por eso cuando emergen por algunos momentos al plano de la realidad no les gusta lo que ven y vuelven a huir a lo virtual. Tal facultad los empodera, es el mundo donde ellos tienen todo el control y son los reyes. Les hace sentir que nada puede derrotarlos. Que todo lo que está fuera de ese círculo está mal, pero no tienen el compromiso de cambiarlo.

El mito de los vampiros trasciende generaciones y cada una agrega características de la época. Los vampiros de ahora son jóvenes iracundos que están dispuestos a propagar la hoguera en que este mundo ha de arder, para pasar a otra época en que reencarne el glitch de las emociones: nada de academia, nada de razón, el puro fluir de emociones moduladas por el ego y la marea de las pasiones.  Quieren terminarlo todo de una vez sin esperar a crecer.                           

jueves, enero 09, 2014

THE HOBBIT 2: LA DESOLACIÓN DE PETER JACKSON

JORGE ANTONIO DÍAZ MIRANDA
Enero de 2014



Si no recuerdo mal fue el francés Roland Barthes quien nos advirtió de la sobrelectura de textos literarios, proceso en que los lectores atribuimos a los originales más de lo que estos exponen, ilustran o sugieren. Desde luego que el riesgo se incrementa cuando una novela de renombre pasa al cine porque el desafió para el director es convertir en imágenes el óceano primigenio de palabras entrelazadas por una intención poética. Pero en el caso que nos ocupa Peter Jackson comete verdaderas atrocidades con la novela de J. R. R. Tolkien hasta desvirtuarla. 

Quiero aclarar que soy un admirador de la monumental trilogía que montó Peter Jackson basada precisamente en The Lord Of the Rings (en adelante TLR), cuyos desafios fueron extraordinarios, entre otras cosas por la cantidad de personajes, las distintas historias pasadas y presentes que se entrelazan, la selección de pasajes clave que ofrecen una visión aceptable del conjunto...etc.

Pero en esta nueva interpretación basada en la novela The Hobbit (en adelante TH) Peter Jackson se deja llevar por el efectismo, la parafernalia hueca, lo insustancial, el morbo y el ruido blanco. Lo marginal saltó al centro y anuló mucho del sentido poético original. Voy sugerir algo muy pretencioso: es verdad que para ver la trilogía cinematográfica basada en TLR y TH, el espectador debió -debe- haber leido previamente los libros de Tolkien y entender que son parte de una sola obra, la cual, a un nivel semiótico y literario trata de presentar una visión mitológica unificada para Inglaterra. En esa visión y comprensión amplias se debe agregar The Silmarilion. Y en tal sentido parece ser que Peter Jackson si entendió esa articulación semiológica de la obra literaria de Tolkien y lo reflejó de una manera decorosa en su interpretación cinematografica basada en TLR. Pero la articulación estructural narrativa de su reciente versión basada en TH se diluye por episodios exagerados y reiterativos, saturados de efectos especiales, sobreedición y banalización. 

Por ejemplo, Esa visión del dragón exhibido y sobreexhibido en su magnificencia, monstruosidad y tamaño, le resta coherencia y sentido al dialogo que Bilbo sostiene con este en la versión original literaria: porque Tolkien le confiere un nivel trascendente de debate filosófico-teológico que trata de dilucidar dónde esta el mal y quien lo lleva, adónde va y cómo de forma involuntaria también los heróes son capaces de llamarlo para ruina de sus congéneres y la tierra que habitan. 

Luego está el abigarramiento de efectos para traslucir la maldad de los Elfos del Bosque Negro y la introducción artificiosa de una mujer elfo que no aparece en el original. Aunque en efecto: el reino de Thranduil tal como lo describe Tolkien está impregnado de malicia y ambición; lo cual constituye un signo inequívoco del poder e influencia del Nigromante (que en TLR se convertirá en el terrible señor de los Nazgul). Las miserias de una rama de la raza de los inmortales es aún más terrible si se toma en cuenta el enfrentamiento que se desatan por la violencia  y la ambición de casi todas las razas que reclaman el inconmensurable tesoro que aloja el Reino Bajo la Montaña, lo que al final desemboca en la masacre de los inocentes habitantes del Reino del Lago. Ese hecho sirve a Tolkien para montar uno de los más bellos alegatos en contra de la injusticia y la guerra. Pues bien, ese parte no se ve en la versión de Jackson o se diluye o pasa a segundo termino o se olvida para darle cabida a protesis innecesarias y pirotecnia de segunda. 

Por otro lado es un acierto de Jackson conectar las andanzas de Galdalf con la postrera gran guerra del anillo cuyo presagio de agitación encuentra el mago en la fortaleza destruida de Dol Guldur donde el Nigromante lleva a cabo rituales que tienen como finalidad oculta regresar a la vida a su maestro Sauron, el maldito. Pero, una vez más, Jackson teje una niebla efectista que saca de contexto la articulación de esos hechos con la traición de Saruman y su alianza con la raza de los orcos. En TLR Esa conexión es esencial pues marcará el destino de hombres y lugares que desaparecerán de la Tierra Media y el termino del tiempo de la raza de los elfos. En medio de la vorágine propuesta por Jackson en la segunda parte de su interpretación cinematográfica, Gollum desaparece cuando en TH él salé de su guarida de las Montañas Nubladas para emprender la caza de Bilbo Bolson que lo llevará a ser prisionero de los Elfos silvanos del Bosque Negro y luego, cuando escapa caer prisionero de las huestes negras de Sauron que lo torturan en las masmorras de Lugburs (la gran torre-fortaleza-armeria) en el corazón mismo de Mordor.  

En resumen, la nueva película de Peter Jackson es exagerada, artificiosa y llena de errores interpretativos que restan sentido al original TH, desvirtuándolo y distorsionándolo a favor de una hueca parafernalia efectista. Lo marginal saltó al centro y la fascinación por los monstruos arruinó la intensidad y la sopresa del argumento.    

sábado, junio 19, 2010

EL EJERCICIO DE LA ORFANDAD

Saramago ha muerto pero una parte de él sobrevivirá en sus libros. Para mi el libro más importante de Saramago es El Evangelio según Jesucristo, el cual, se suma a otras obras artísticas que proponen secularizar, desmitificar y humanizar la figura de Cristo. En ese sentido están orientadas biografías noveladas y musicalizadas como La última Tentación de Cristo del griego Nikos Kazantzakis, La ópera-rock New York del cantante Lou Reed (1987), El evangelio de Lucas Gavilán de Vicente Leñero (1979) y el concierto para 19 clarinetes del georgiano Giya Kancheli Caris Mere (1997). En éste conjunto se exploran diversos tópicos relacionados con la personalidad de Cristo, el tipo de motivaciones que posee alguien para sacrificar su naturaleza en haras de una divinidad incierta. Como en Nietszche la duda no enloquece, es la certeza la que nos desnaturaliza y nos acerca a una oscura certidumbre. La intuición de la posibilidad del vacío que se abre tras la muerte con tan solo una materialidad sorda y abismal. La falta de sentido para ubicarse dentro y fuera de una ética impuesta que busca alojar el mal afuera, sin considerar que el campo de guerra de la maldad es el alma misma del hombre. La distinción entre el bien y el mal sólo es accesorio pues se trata en su raíz fundacional de una misma voluntad. Nos dice Saramago a éste respecto: "Viene de lejos la guerra entre padres e hijos, la herencia de las culpas y el asesinato de la inocencia".