El músico estadounidense Sixto Rodríguez (Detroit, 1942), de origen mexicano, fue ignorado en su tiempo. No obstante, según Karina Vargas (En Rev. Mosca, año 1, Núm. 3, octubre de 2013), su primer opus Cold Fact (1969),llegó a ser toda una sensación en la -por aquel entonces- convulsionada Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Proscrito en Estados Unidos por los malas ventas, fueron sacados de circulación sus grabaciones, el ya mencionado Cold Fact y Coming From Reality (segundo opus). Mientras en México el trabajo de Sixto era desconocido, salvo por un pequeño círculo de "gruesos y onderos" que estaban sintonizados con la frecuencia flower power. En la Sudáfrica de los años setenta las canciones de Sixto causaron un tremendo impacto social, de conciencia crítica hacia el terrible apartheid, sumándose a lso esfuerzos mundiales por erradicar en aquel país el racismo de la supremacía blanca. Al principio de estas líneas se presenta el documental Searching Sugar Man dirigido y escrito por el sudafricano Stephen "Sugarman" Seggerman, quien se define como el fan número uno del buen Sixto. La realizaciòn del documental y de la investigación sobre el paradero y búsqueda del músico fue posible con la colaboración del reportero musical Craig Bartholomew. Abajo una muestra musical del talento de Sixto Rodríguez, alías Sixth Prince.
El hostal de cinco estrellas está ubicado en Donghae, Corea del Sur, y se caracteriza por su peculiar diseño de navío anclado en el risco más alto de la bahía.
Esbjörn Svensson dejó para los amantes del Jazz escandinavo un gran vacío de silencio y desesperanza. Su accidente en una inmersión de buceo no debió ocurrir pues deja una trayectoria plena, esplendorosa, sutil y refinada.Desde aquí recordamos a EST Trío y su talento. Pero el barco no quedó del todo varado pues los otros miembros se estrenan este mes con discos solistas.
No para el escándalo mediático por la "agresión" en contra de policías antimotines durante las escaramuzas que se dieron en el marco de las marchas en conmemoración del 02 de octubre de 1968. Las imágenes drásticas que muestran a dos policías atacados con bombas incendiarias, lanzadas presuntamente por miembros radicales anarquistas, han provocado la histeria de los lectores de noticias (que no periodistas) de los principales noticiarios de los monopolios televisivos. Adheridos a estos, los ópinadores u ópinologos (que nada tienen que ver -aunque quisieran- con la verdadera opinión pública, ni en liderazgo ni en representación), alzan descompuestas elocuciones lapidatorias, juicios exprés y llamados incendiarios para que el Estado (las letras pequeñas son intencionales para ilustrar el verdadero tamaño de la institucionalidad que se invoca) intervenga de forma más contundente y defienda a las "mayorías", la paz social (¿cual?), la propiedad privada (el infeliz estatus de almacenes llenos y estómagos hambrientos), la economía (del capitalismo de cuates), el avance del país (que se basa en la promoción de unos cuantos políticos que hacen reformas constitucionales para ganar centavos millonarios), y el Estado de Derecho (que luce una administración de justicia más bien prostituida por los mejores postores que se pueden procurar, mediante sobornos, impunidad y amparos aunque se dediquen al lavado de dinero). En el mundo al revés de la hipocresía televisiva, los manifestantes son violentos y la policía es provocada por estos, y por eso, la tira está en su derecho de ejercer a discreción todo el peso de la ley (de la selva), la brutalidad, las madrizas en montón (porque son bien valientes), las violaciones a los derechos humanos, el manoseo-caldo a las mujeres, la rapiña a los incautos con todo y robo de carteras y la clásica báscula para alzarse, cual bandidos uniformados, con joyas, relojes y celulares. La presencia de la policía federal, estatal o municipal es una garantía de que habrá violencia y provocación, por la sencilla razón de que los elementos están (mal) entrenados para nada más que eso. En este país la policía es tan inepta en casi todos los ordenes del orden social y comunicativo por su nula capacidad cognitiva, racional, moralidad, análisis, negociación, solución de conflictos por vía no violenta, control emocional, etc., y eso aplica desde el secretario de seguridad pública, ministeriales y tropas. De hecho su bajo perfil de conducta, acerca a los elementos policíacos (o los identifica) con su supuesta némesis delincuencial. La mayoría de los elementos no pasarían un serio examen de confianza pero son retenidos en las corporaciones sólo por su crueldad y su sometimiento a la jerarquía (que utiliza tal estructura sólo para hacer negocios en puteros, giros negros, bares, carpas, cantinas y trasiego de todo tipo tanto de tráfico legal o ilegal). Sin protocolo alguno y ordenes tajantes de dispersar la "turba", los antimotines y granaderos no tienen de otra más que ejercer el músculo y renunciar al seso. El jefe de gobierno del Distrito Federal y EPN deben explicarnos porqué insisten en esa compulsión mediocre de reprimir la protesta social sin resolver los problemas de fondo, sin abordar seriamente la atención a las demandas ciudadanas, burlando, engañando, simulando, haciéndose los pendejos para luego decir que las instituciones funcionan (a pesar del ridículo, fracaso e in-transparencia con que suelen operar). Deben explicar porqué de forma cobarde y artera hacen intervenir a elementos vestidos de civil para engañar a la gente y arrestarla de la forma más baja y ruin. Pero como en todo o casi todo, los cuerpos de seguridad actúan con el mismo deshonor que sus jefes mancerita y peñita.